Algunas reflexiones vespertinas

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Hoy me he levantado con ganas de caminar un rato. Hacía frio, pero no hay nada mejor que un largo paseo para poner en orden las ideas, aunque para que nos vamos a engañar, a estas alturas de la vida, mis ideas están bastante ordenadas. He caminado hasta cualquier sitio, mirando a la gente a la cara. Es una pena, que poco acostumbrados estamos a mirarnos a la cara, ( hay ya pocos que somos capaces de sujetar los ojos frente a frente) a leernos la mirada, porque la mirada de otro es también la mía y la tuya, por supuesto. Y en esa mirada de otros, de todos, veo casi siempre reflejada la soledad, ese sentimiento tan inmenso, que todo lo llena y a la vez todo lo vacía, pero que nos hace únicos y también, porque no, dignos. Hay dos tipos de soledad.  La de los que no han tenido nunca nada, y la de los que han perdido algo.

La primera se me antoja tremenda, llena de nada, abrumadora. Un complejo tamiz lleno de agujeros que jamás ha sentido su razón de ser. Afortunadamente no la he vivido, así que ignoro a que sabe. Soy afortunada. Sin embargo se de otros que tienen la vida tan llena de ese tipo de soledad, que hasta se creen acompañados. Acompañados de los fuegos fatuos, de la impronta del halago gratuito, del engaño del entorno conveniente, de la lírica vacía de palabras adecuadas, al fin y al cabo de la infamia, y eso parece que de momento les llena. Estos no son dignos.

La segunda soledad,  es quizá más llevadera. Alguien podría levantar la voz ahora mismo y decir que más dolorosa… no lo se, pero por supuesto, la prefiero. Prefiero el sabor de lo perdido, mirar entre los agujeros desgastados y esperar ver ese destello que me anuncie la venida del amigo, la esencia del compañero. Yo desde luego prefiero surcar mis cicatrices para no olvidar de donde vengo, ( con que facilidad olvidan algunos sus orígenes, o los esconden y enmascaran) llenarlas del polvo del camino, que se me abran con el esfuerzo, por muy inútil que sea, remendarlas de nuevo cada mañana, arrancarme el pecho a dentelladas, cargar los hombros y caerme de bruces, equivocarme una y otra vez… merece la pena.  A veces amigos, bastan solo algunas palabras para iluminar un simple momento.¡Ah! pero hay que ser muy valiente para decirlas, o para escribirlas, si no se tiene la palabra. Tal vez no servirá seguramente de mucho, pero sirve para decirle al otro, algo de suma importancia, algo digno que a su vez llenará su dignidad perdida. Esas palabras son : No te acostumbres, eso nunca, amigo.

"Lo veo pasar como un espíritu desencarnado que anda perdido entre las pasiones de este mundo, a la espera de acudir puntualmente a la llamada de su propio mundo de sombras…” Joseph Conrad.

"La dignidad no se funda en la inteligencia como entidad, como propiedad estática, estructural, física del ser humano, sino en la capacidad dinámica de la inteligencia que inventa nuevos significados, nuevos proyectos, nuevos modos de vivir, nuevos modos de pensarse a sí misma, nuevas ciudades ideales. La dignidad deriva del mismo dinamismo creador de la inteligencia, que recrea su propia naturaleza encontrando en ella nuevas posibilidades. Por ejemplo, la dignidad. Ahí encontramos el fundamento de la nueva manera de vivir. Vamos a constituirnos, a afirmarnos, a construirnos, a reconocernos como especie con derechos. Es decir, a inventarnos una nueva naturaleza, una segunda naturaleza. [...] Somos dignos porque nos hemos inventado como seres dignos. Somos dignos por autoafirmación de nuestra dignidad. Definamos dignidad: dignidad es poseer derechos y reconocérselos a todos los seres humanos. Y también a los seres no humanos que pongamos bajo nuestra protección." Jose Antonio Marina

Son las cinco y media de la tarde. No llueve en Madrid y la temperatura exterior es de 4 grados. Hace frio ahí fuera.

21-02-06.

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Autor: Pablo Rey

Hablas con tal valentía de lo que muchos callan, que a veces pienso que no existes, que eres un personaje de un cuento, pero se que eres de carne y hueso porque te he visto. Me alivia tanto leerte Marta

Fecha: 21/02/2006 23:11.


Autor: Maite Muniáin

"Un listo se recupera del éxito: un tonto, jamás" (Jean Paul Sartre)
Efectivamente, saberse digno, ayuda a esta recuperación de la que hablaba Sartre. No corren buenos tiempos para este convencimiento, aunque no hay que perder la esperanza de un "darse cuenta" en el futuro.

Fecha: 22/02/2006 00:03.


gravatar.comAutor: Carlos para Maite Muniáin

Estimada y apreciada Maite:
Jamás olvidaré aquel mes de agosto que junto con tu compañera y amiga Marta Pastor, dirijias el progroma "De la Noche al Dia".

Espero oirte en antena, aunque creo que eres más inteligente, en no "salir" en horas que se esta mejor en la cama.

Un beso muy fuerte de un admirador tuyo y de Marta, por supuesto.

Son las 08,40 Hora Ferroviaria

Fecha: 22/02/2006 08:41.


Autor: mercedes

Creo que es verdad que tenemos la dignidad perdida, y lo peor es que creo que se nos ha olvidado como recuperarla. Magnificas reflexiones Marta

Fecha: 23/02/2006 01:52.


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