No cuento nada

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La madrugada y sus entornos son horas perfectas para escribir. Es entonces cuando el silencio todo lo embarga, todo lo llena, y será por eso porque las letras y las palabras que yacen durmientes durante el día, se agolpan apremiando por salir llenando todo de negro sobre blanco. Quizás sea por eso, por lo que siempre suelo escribir a estas horas, o será tal vez por que los largos años de vela me han hecho que deguste con gran deleite estos silencios nocturnos, que coadyuvan a que se te ocurran cosas, y si no se me ocurre nada, a que por lo menos miles de palabras bellas vean el momento de salir a la luz.

El caso es que vuelvo a casa del trabajo con grandes ansias de silencio. Será porque mi trabajo esta lleno de sonidos, palabras, músicas, ráfagas, efectos, cortinillas, cuñas, en fin todo eso con lo que se hace la radio, será por eso por lo que tanto aprecio el silencio de la noche. Aunque la noche no es absolutamente silenciosa, es más el silencio como valor absoluto no existe. La noche esta plagada de pequeños sonidos, como el ruido de los árboles que se mecen bajo mi ventana, o el crujir de una puertas, o una contraventana a las que el viento mueve ajena a los sueños de sus dueños, o alguna lechuza semiurbana que canta o quisiera cantar, o los quejidos con sordina de dos amantes que ahogan los sonidos de sus deseos en pequeños murmullos, susurros y jadeos, o el canto de grillos y chicharras que empapan la noche anunciando el calor venidero de la mañana. En fin los sonidos de la noche, esa noche en la que me muevo con soltura desde hace ya tiempo, y que ha hecho posible que escriba algo, aunque sea un blog, porque nosotros los de clase media no tendremos nunca tiempo de escribir cosas largas, ya que el tiempo, ese tiempo, es un bien que escasea en demasía en nuestro entorno.

Hoy no tengo mucho que contar, o tal vez si, pero no es el momento de contarlo, hoy escribo solo para demostrar a una joven amiga, que no hace falta tener nada que contar para poder escribir algo. Ella me decía esta tarde que se escribe para contar algo, y yo no lo creo así, se escribe por que se escribe, a veces se cuentan cosas, y otras, como esta noche, ya de Agosto, no hace falta contar nada, solo basta con dejar fluir aquello que pasa por nuestra mente y ponerlo en marcha. Tan fácil como eso, tan sencillo, tan gratifican te. Hoy no es día de contar nada, basta con contar estrellas, que por cierto no emiten sonido alguno perceptible a nuestros oídos, y dejarse llevar por esos pequeños pensamientos que están ahí porque es de noche, porque hace calor, porque una es medianamente feliz en la medida de lo posible, en definitiva porque es verano. Un largo verano de espera de un tren que puede que ni pase por nuestra estación, pero mientras, mientras podemos soñar que en algún momento seremos capaces de cogerlo. Ya sabéis lo que dijo Richard Bach: Nunca se te permitirá soñar algo que no tengas el poder de convertir en realidad. Son las tres de la mañana. No llueve en Pozuelo y la temperatura exterior es de 23 grados. Ves, se puede escribir sin necesidad de contar nada

01-08-06.

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gravatar.comAutor: Rafael

En mi opinión has contado mucho y bien, Marta. Felicidades por el blog que ya he suscrito a mi bloglines.

Fecha: 01/08/2006 18:08.


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