Llueve en Madrid

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Llueve amigos, llueve incesantemente esta mañana. Madrid y la lluvia, dicen, que son dos términos incompatibles, así que por lo que pueda suceder me abstendré de pasar por los nuevos túneles de la M-30, o los bypass. Que mal suena eso, es como si a Madrid le hubieran abierto su corazón enfermo de para en par, y después de un par de remiendos, lo hubieran puesto en marcha de nuevo, con eso que dicen los cardiologos: "hala venga que te hemos dejado como nuevo, pero de excesos nada".

 

Pero Madrid, ya no es una ciudad excesiva. Una vez lo fue, allá por los años 80, pero los genios convenientes la han dejado así, enferma del corazón y otros asuntos, con pocos árboles – y menos que van a quedar, porque tenemos una presidenta de la comunidad de la especie de las taladoras- y llena de bypasses que le alivian su deteriorado flujo sanguíneo.

 

No obstante de vez en cuando llueve, a pesar de que el alcalde, si pudiera pararía la lluvia, porque no conviene, porque es un estorbo, porque cuando llueve las ciudades se ven más indefensas. Al fin y al cabo la lluvia es algo que aun no controlamos los seres humanos, ni los políticos, que si pudieran dominarla,  también llovería solo cuando y como ellos lo desearan, y la lluvia, esta magnifica y limpia lluvia que cae ahora sobre Madrid, y acaricia los cristales de los edificios cúbicos de la capital, sería además un arma de negociación, y hasta seguro que a una mente preclara, de esas que se emboscan en los despachos de 100 metros, se le ocurriría poner el impuesto o la tasa de lluvia.

 

Por eso me gusta la lluvia, y también las tormentas, porque es algo que se rebela, algo que no está calculado, algo que se les escapa, y como dice mi padre que yo nací con vocación de escapista, ahora, mientras “mis consultores” toman el coffee break de las once y media, y balbucean términos sobre asuntos financieros, de los que no entiendo, ni quiero entender,  saco mis manos a la ventana, para dejar que esta lluvia rebelde y madrileña, las acaricie, y así mientras pensaré que el azar aun tiene algo que ver con nuestra vidas, que no todo esta pensado, planificado, previsto. Un poquito de caos en forma de lluvia, nunca viene mal, y además es un alivio.

 

Ahora vuelvo a mi clase. “Mis consultores” están ávidos porque termine de explicarles esta absurda aplicación financiera, que seguramente volverán a cambiar en tres meses. Les digo:"¿Habéis visto como llueve?", y ellos me responden algo que no me llama la atención, ni me pilla de sorpresa: “Pues no nos habíamos fijado”.

 

Son las doce menos cuarto de la mañana. Llueve en Madrid y la temperatura actual es de 14 grados.

27-03-07.

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